Una familia muy prestante
Por Jorge Cuéllar Montoya
Al finalizar la primera mitad del siglo veinte, conocí a uno de los personajes más divertidos de la Bogotá chapineruna de fines del siglo diez y nueve, don Emilio Galán Gómez, “EI Pereque” para sus amigos, entre los que se contaba mi abuelo el doctor Manuel Antonio Cuéllar Durán y su familia.
El Pereque intimidaba con su presencia: dos metros de estatura, las manos más grandes y los brazos más largos que haya conocido, dueño de una cara enorme, llena de arrugas, portadora de una nariz superlativa que remataba con una calva sensiblemente alterada por una profunda hendidura en el cráneo, que quien sabe cómo diablos se hizo en la juventud. Calzaba cuarenta y ocho y cubría su enorme humanidad con un grueso abrigo negro que acompañaba con su inseparable paraguas, hecho para su estatura, el cual, presiento, Ilevaba una licorera llena por dentro. Con el espantaba a los muchachos callejeros que lo molestaban en sus constantes paseos por la ciudad y le hacían soltar insultos irrepetibles a diestra y siniestra.
Una tarde, por allá en el año cincuenta y nueve, visité a mi abuelo y a mi padre en el consultorio de la calle doce con carrera cuarta, encontrando a El Pereque en una grata tertulia con los galenos. Participé en silencio, gratamente divertido con las ocurrencias de los contertulios y al ponerse el sol, mi padre me solicitó llevar a Emilio en su carro (un Volkswagen escarabajo dal año cincuenta y uno) hasta su casa de Chapinero.
Visita nuestra tienda
-
Seleccionar opciones
Este producto tiene múltiples variantes. Las opciones se pueden elegir en la página de producto
Envío GRATISCombo Futbolero
$ 110.960 -
Seleccionar opciones
Este producto tiene múltiples variantes. Las opciones se pueden elegir en la página de producto
Torta Especial + Café 340gr
$ 79.980 -

Seleccionar opciones
Este producto tiene múltiples variantes. Las opciones se pueden elegir en la página de producto
Bono Pack Plata
$ 90.000 -
Barra de Cacao
$ 13.950
Ahí fue Troya. La introducción de El Pereque dentro del carro fue traumática. No encontraba que meter primero. Intento la forma natural que usamos todos los mortales y no logró. Trató en reverso y tampoco. Por fin, después de varias contorciones, tres chichones y un esguince severo de tobillo, con la ayuda impaciente de Manuelpacho (otro amigo extraño de mi abuelo y de mi papá) y mis ingentes esfuerzos, logramos acomodar la humanidad de Emilio en el carro, con su sombrero encocado hecho un asco, el abrigo arrugado como un acordeón, el paraguas torcido y atravesado sobre la caja de cambios del carro y las dos rodillas del ciudadano acomodadas con sus rótulas huesudas dentro de cada una de sus fosas nasales.
El Pereque quedó de retrato.
Una vez recuperó el aliento masculló: “Chino pendejo arranque esa cosa inmunda y diminuta que su papá llama automóvil y lléveme a mi casa despacio y sin coger huecos o le doy en la jeta”. Así transcurrió en silencio la primera mitad del trayecto por la carrera séptima hacia el norte, observándolo yo con pánico ya que por la difícil posición que ocupaba en su asiento había adquirido un color morado cetrino que daba la sensación de ir a estallar. En un momento dado, mi pasajero graznó y volvió a la vida, comenzó a respirar profusamente por la boca, ya q por la nariz le era imposible y cuando su presión arterial se estabilizó y el ritmo de su corazón se reguló, pronunció estas palabras que yo tomé como el más grato de los cumplidos y una señal de sincero agradecimiento por el favor que le estaba otorgando al llevarlo a su casa: “Jorge querido, quiero decirte que tu formas parte de una familia muy prestante”.
Luego de un silencio sepulcral después de su última sentencia y hallándome envanecido y orgulloso por las emotivas palabras pronunciadas por Emilio respecto a mi familia, arribamos por fin a su casa sin contratiempos. Apresurado me bajé del auto y corrí a abrir la puerta del pasajero la cual explotó con tan solo tocar la chapa. Vino la destorcida de Emilio para extraerlo sin daño del vehículo. Fueron necesarios los esfuerzos de la señora que le acompañaba en su casa, el policía de la esquina y uno de los muchachos de la calle que en la medida que ayudaba, chalequeaba a El Pereque, quien musitaba tremendos improperios al darse cuenta del hecho y sentirse totalmente impotente para defenderse. A Dios gracias el chino no pudo hurtarle nada al buen Emilio y éste, una vez se enderezó, agradeciendo al policía y a su ama de llaves la colaboración, los despachó para despedirse de mi.
Con su gruesa voz de caverna me dijo: “Quiero agradecerte el mérito inmenso de traerme a casa y comentarte lo siguiente: me encuentro con Zoilo tu papá y me dice, Emilio préstame cinco; más adelante me tropiezo con Bernardo y me dice, Emilio préstame quince; se me atraviesa Pablo y me lanza el sablazo, Emilio préstame cincuenta; y así con todos tus tíos y parientes; les presto a todos y ninguno me paga. Por eso mi querido Jorge quiero recordarte que eres miembro de Una Familia muy Prestante“.
Compartimos contigo los recuerdos de nuestro Boletín de la Fundación La Manuelita el cual fue publicado en el año 2006-2007.
¿Quieres compartir tus recuerdos de la Fundación La Manuelita? Escríbenos
No olvides comprar nuestro Café de la Fundación
-
Seleccionar opciones
Este producto tiene múltiples variantes. Las opciones se pueden elegir en la página de producto
Café Edición Limitada Rosada
$ 50.000 – $ 100.000Price range: $ 50.000 through $ 100.000 -
Seleccionar opciones
Este producto tiene múltiples variantes. Las opciones se pueden elegir en la página de producto
Café Edición Limitada Verde
$ 50.000 – $ 100.000Price range: $ 50.000 through $ 100.000 -
Seleccionar opciones
Este producto tiene múltiples variantes. Las opciones se pueden elegir en la página de producto
Café Edición Limitada Azul
$ 50.000 – $ 100.000Price range: $ 50.000 through $ 100.000 -

Seleccionar opciones
Este producto tiene múltiples variantes. Las opciones se pueden elegir en la página de producto

