Belén Ucrós de Ucrós
Por Rafael I. Mariño Navas
“Hay hombres que luchan un día y son buenos, Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles”
BERTOLT BRECHT
Por allá en 1956, cuando varios primos nos reuníamos en la casa de María Luisa e Inés Carrizosa Pardo a organizar fiestas y paseos, me presentaron a Belén Ucrós. Me contaron que era la mayor de las Ucrós, juiciosísima en el Colegio y muy calmada. Verdaderamente me cayó muy bien. Belén y yo fuimos juntos a la fiesta de grado de Bachiller de Inés. Fue una reunión formidable, con orquesta y todo y pasamos muy rico.
Las Ucrós. Belén, Lulú, Magdalena y María Teresa vivían “lejísimos”, en la vieja casona de El Vergel bien al norte, muy cerca de la Hacienda Niza, cuando Bogotá llegaba hasta la Avenida Chile. Y desde allá venían todos los días al Colegio del Sagrado Corazón en la Calle 39. ¡Mucha gracia!
En el año 1957 presté servicio militar en la Escuela de Infantería. Cuando casi terminaba mi paso por el cuartel, me invitaron a una fiesta donde las Arbouin Guzmán, situada en la Calle 80 arriba de la 7, Esa casa no era tan lejos y en esa fiesta conocí a Magdalena.
Pero quiero continuar mi relato hablando de Belén. Era la mayor de nueve hermanos y todos la conocían por Cita, la apócope de Belencita. Aprendió a cuidar niños desde Manuel Antonio Cuéllar Durán -Papá Tonoto- y de Lucilita Calderón -Mamá Lulú- o allá en la Ochenta, abajito de los Arbouin, en la vieja casa de Belén Cuéllar de Ucrós -Memis-, Belén aprendió a querer y a cuidar a sus abuelos, a compartir con ellos, a tenerles pacencia y a aprovechar y disfrutar su experiencia y sabiduría. Dios sabe cómo hace sus cosas, porque en esa época, cuando Belén salía de Bachiller e iba a fiestas con su primo Jorge Ucrós Arciniegas y sus amigos Jingo Rueda y Chivirico… qué iba a pensar que lo aprendía en su hogar respecto a sus mayores sería su guía en el futuro voluntariamente asumiera el liderazgo de la Fundación La Manuelita.
Fue precisamente en la casa de Memis en la Ochenta donde Belén conoció a Guillermo Ucrós y Lulú a Álvaro. Memis dijo un día que hicieran una fiesta porque Los hijos de Luisito Ucrós Saravia iban a llegar de Estados Unidos donde habían permanecido varios años estudiando y sería bueno hacerles un buen recibimiento… “¡esos niños llegan sin conocer a nadie!” dijo. Lulú, la más fiestera de las hermanas, atendió presta la insinuación y organizó el jolgorio. A los pocos meses se casaron las dos parejas en el Vergel en 1961.
Lo aprendido por Belén en el colegio no fue suficiente para llenar sus aspiraciones. Y. aunque ya casada tenía que atender a sus hijitos, decidió estudiar una carrera intermedia denominada Administración de Instituciones en una universidad que hoy es la Universidad de la Sabana. Recuerdo que este fue un gran esfuerzo que realizó Belén con entusiasmo y dedicación. Y mucho le ha servido para manejar hoy los intereses de la Fundación.
Si me preguntan cómo puedo yo describir a Cita, lo primero que debo destacar es su generosidad. Pero no solo con las cosas materiales sino con su alma. Siempre está dispuesta servir, a ayudar, a comprender a los demás renunciando a sus propias necesidades. Lo segundo es su constancia. Belén nunca se da por vencida. Ante las dificultades siempre busca una salida, una solución. Sin alharacas, con paciencia, sale adelante. Lo tercero es su humildad. Nunca esta buscando honores ni distinciones. Solamente la satisfacción de hacer las cosas bien. Y finalmente, como enmarcándolo todo, su espíritu de servicio, que es el que hoy en día vemos proyectado en la Fundación La Manuelita en la forma de una organización sólida, actuante. y carismática. Esta obra tiene una personalidad propia y definida. No es copia de ninguna otra institución geriátrica. Es un verdadero Hogar para los ancianos que han tenido la fortuna de ingresar allí para pasar sus últimos días Allí se brinda amor, comprensión y respeto además de los elementos de manutención servicios habituales. Es la proyección personal de un sueño que Belén logró hacer realidad su propia imagen y semejanza.
Por eso debemos darle gracias a Dios por la vida de Cita, por su capacidad de servicio, por las lecciones que a diario nos da y asumir nosotros la responsabilidad de buscar mecanismos sólidos y fundamentales que aseguren la continuidad y crecimiento de la obra más allá de nuestra propia generación.
Belén Ucrós. Mujer inteligente, prudente y ecuánime, con un corazón inmenso y una sencillez envidiable. ¿Qué más podemos pedir? ¿Y quién mejor para dirigir la Fundación?… por eso hoy le dicen medio en broma y más en serio: Cita directora.

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