
Trabajo de Amor y Dedicación
En éstos dias de encierro me he dedicado a aprovechar el tiempo, y una de mis actividades ha sido ver charlas acerca de muchos temas; coincidencialmente han llegado a mi personajes que después de un evento en sus vidas se han dedicado a hacer cosas impresionantes: un señor que le amputaron una pierna, y decidió subir el Everest, una señora que se le murieron sus hijos, y se dedicó a ayudar a otros a superar el duelo, y así muchos. Personas valiosas, valientes que dedican su tiempo a realizar sus sueños. Gracias a esa información que recibí, reflexioné sobre lo que ha sido mi vida, y lo afortunado de tener la oportunidad de haber vivido a plenitud, queriendo a los que quiero, aprovechando cada momento, e intentando ayudar con lo que puedo a los que puedo.
No necesitamos ganarnos el baloto para hacer ese viaje que tanto queremos, no necesitamos conocer al amor de nuestras vidas para sembrar juntos la huerta que siempre hemos soñado, no necesitamos ser millonarios para ayudar a los que lo necesitan. Podemos hacer ese viaje con pocos recursos, podemos sembrar esa huerta cada uno en su casa, podemos con una libra de arroz ayudar a los que nos necesitan. Es simple, nuestras creencias sociales y espirituales (o religiosas) nos atan a estereotipos que no son reales, veo como esa persona sube el Everest con una prótesis en su pierna derecha, y como gente que cubre sus necesidades básicas ayuda a los otros.
Lo único que necesitamos son ganas, para hacer lo que queremos, sembrar esa huerta o ayudar a los que no pueden valerse por si mismos. Un perro esperando a ser adoptado. Un niño que no tiene un computador para sus clases virtuales. Un abuelito que lo tuvo todo y ahora sólo necesita cariño.
No tenemos que despertar por una experiencia traumática para darnos cuenta de lo que valemos y de lo que somos capaces de hacer, ayudar al otro nace del corazón y lo podemos hacer ya. La vida es ya. No podemos olvidar las lecciones aprendidas en el pasado, planeando el futuro con sentido, pero viviendo en el presente.
Un pan, un mercado, cinco mil pesos, un millón, comprar una libra de café, divertirnos en un bingo, no importa la cantidad si no el amor con el que se da.
¡Gracias a la fundación La Manuelita por su continuo trabajo de amor y dedicación, y por darnos la oportunidad de vivir en el presente dándonos cuenta que ayudar es más fácil de lo que creemos!
Autor: Mauricio Sussmann







