María Teresa Liévano Ucrós

Hablar en público no es de mis fortalezas, pero tal vez hablar de María Teresa y lo que significó para mi, haga que sea un ejercicio mucho mas fácil.

Me considero un hombre afortunado.  Tuve el doble de mamás de cualquier ser humano, la mía propia y la mamá de María Teresa quien me quiso como un hijo más.  Tuve el doble de hermanos, los propios, mis primos hermanos y los primos de mis primos que siempre me acogieron y quisieron como un más de su manada.

Pero de todo este grupo de gente fabulosa, estaba siempre María Teresa como un referente de hermana mayor, de guía, de norte de mi vida.  Siempre presente en todos los momentos.  Siempre ayudándome a tomar la mejor decisión.

Compartimos en la vida todo: los afectos, los paseos, los amigos, el amor por las cosas simples, por los escenarios de teatro, el cine del sábado, los almuerzos de domingo, siempre tratando de unir y atender a la familia.

Ella adoró a sus amigas de siempre, a las niñas del Sagrado Corazón, a sus amigas de Emaús, a sus primitas, y a sus sobrinos. Imposible ocultar su afecto por Maruja Vega, quien le sirvió de la manera más amorosa y desinteresada por tantos años.

Pero ella también tenía su familia distinta, la conformada por mi familia política y mis perros, y todos saben que el amor por Pascual la superaba. 

Grande María Teresa. Una mujer que nunca habló mal de nadie, una mujer que a todos acogía bajo su ala, que siempre dio alegría y transmitió entusiasmo.  Nunca le oí decir que algo le diera pereza y agradecía cada minuto de su vida como un premio que no podía dejar de recibir.  Era una dadora, nunca pensaba en recibir nada a cambio.

Sin lugar a equivocarme puedo decir que hoy si bien María Teresa no está en su cuerpo físico si está en cada uno de los corazones de todos nosotros.

Y para mi en lo personal, fue mi luz, mi guía, mi amiga incondicional, mi cómplice y tal vez la persona que más admiraba como soy yo, que no soy más que un ser humano lleno de defectos, pero que ella en su bondad los veía como las cualidades más maravillosas que cualquier persona pudiera tener. Así de bondadosa era.

No se si lo que siento es orfandad, viudez o cómo debo llamar este vacío que deja en mi vida, pero lo que si puedo garantizarles es que fui premiado con la presencia de esta mujer que llenó con su amor y alegría todos los vacíos de mi corazón. Descansa en paz María Teresa del alma, mi prima, mi amiga, mi todo.

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