Lulú Cuéllar de Holguín


“Siempre queda un poco de perfume en las manos que ofrecen rosas»

Casada con Julio Holguín, Lulú, como cariñosamente le decimos, es la menor de las hijas mujeres de Manuel Antonio Cuéllar Durán (Papá Totono) y Lucilita Calderón de Cuéllar (Mamá Lulú). Heredó de sus padres el amor por los demás y la necesidad de darse con gran generosidad en tiempo y alma a La Manuelita.

Desde los tiempos de Rionegro, cuando se conformó el voluntariado, Lulú ha estado encargada de todo lo que tiene que ver con la alimentación, llámese: menús, mercados, recogida de donaciones en especie. Vende periódico que le regalan a la Fundación y con ese dinero siempre ha cuadrado la compra de la carne y el pescado. Ha sido una artista en el manejo de los escasos recursos y se las ha ingeniado para hacerles almuerzos especiales y para encontrarle el descuento y la ñapa a cada alimento que se compra.  Irma Pinilla es su fiel acompañante desde hace algunos años, y en compañía de ella hace el recorrido semanal recogiendo las donaciones en especie como: brownies, postres, carne, yogures, papa, jabones, pastas, entre otras, y los lleva a La Manuelita.  Dedica horas enteras a otras actividades como peluquear a algunos de nuestros queridos viejitos, dirigir la hechura de manteles, sábanas, cortinas, cubre lechos, baberos con retazos y donaciones de hoteles. También participa activamente como miembro del Comité Administrativo que se encarga no sólo de la administración de la sede de Cajicá sino además del ingreso de nuevos abuelitos.

Lulú es el perfecto ejemplo de lo que significa ser voluntaria de la Fundación La Manuelita: una persona comprometida, que no encuentra excusa para dejar de realizar sus actividades que ella misma se ha propuesto en pro de la Fundación, una persona incondicional no solo con los viejitos sino con las empleadas, excelente consejera, gran oidora y conciliadora, que lleva a Jesús en su vivir y lo pone por encima de todo. 

Es la tía preferida para muchos. No solo para los que realmente son sus sobrinos sino para quienes como yo, afortunadamente la palabra tía la tiene nuestro parentesco: tía abuela. Es el recuerdo más cercano que tengo de mi abuela María Teresa, de quien habla con especial afecto y admiración, y a quien llamaba Tete, pues Lulú por lo menos 20 años menor que su propia hermana, la consideró desde siempre no solo su hermana y amiga sino como su propia mamá. Vivieron muchos años estas dos familias juntas: los Ucrós Cuéllar y los Holguín Cuéllar, y nunca se me olvidarán los viernes después del colegio cuando íbamos a visitar a Mamacita, como cariñosamente le decíamos a mi abuelita, y nos encontrábamos con las Holguín en la ochenta. Casas de esas que ya no hay: llena de escondites para jugar, de un jardín gigante, y de cuartos enormes que estimulaban nuestra imaginación de niños y que hacían que esos días fueran inolvidables. Y las Holguín siempre tuvieron un espacio en esas tardes. ¡Por supuesto Lulú, siempre estaba!

Lulú es, ante todo, una persona optimista y creyente, que como ella misma lo dice “la mano de Dios nunca ha desamparado a La Manuelita”, con lo que nos invita a perseverar en esa linda causa a pesar de las dificultades, unas más complejas que otras, que se nos presentan en este diario caminar. Gracias Lulú por estar ahí, siempre dispuesta, siempre lista pa’las que sea por La Manuelita y por tu familia.

Querida Lulu;

En nombre de la comunidad de la Fundación La Manuelita, queríamos hacerte un homenaje y Agradecerte por todos estos años de Amor y dedicación; sabemos que estás ahora en la compañía de Dios. 

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