Categorías
huellero

Apreciadas Belén, Magdalena, María Teresa, y Lulú

Con mis hermanos y toda la familia, queremos agradecerles de manera muy especial, por acoger con tanto cariño a nuestra hermana María Cristina, durante todos los años que permaneció allá.

Gracias por brindarle un hogar, cuidarla con esmero y tener tanta paciencia con ella.

Fue muy grato para nosotras las veces que fuimos a visitarla, encontrar un hogar tan acogedor, y con personas tan amables, serviciales y entregadas al cuidado de las personas mayores.

Que Dios les pague con muchas bendiciones para ustedes y sus familias por cuidar con tanto amor y entrega a María Cristina.

La Santísima Virgen las cubra con su manto y las acompañe siempre.

Reciban un cariñoso abrazo

Beatriz Mejía de Velásquez.

Categorías
huellero

María Elena Merchán Camargo

“Como pobre lo tengo todo y como rica me falta mucho”

“Nací el día de San Billete y al otro día es fiesta”

Solo palabras de agradecimiento tenemos con Dios por habernos permitido tenerla en nuestras vidas, por su ejemplo y su amor. Una mujer de carácter, organizada y correcta en todas sus acciones, entregada a su familia y sus responsabilidades.

Sea esta la oportunidad para agradecerles por los servicios prestados durante el tiempo que compartió con ustedes. Ver la calidad de personas con las que estuvo rodeada en estos años nos ayudó a valorar más la labor que realizan en la Fundación La Manuelita, lugar donde creo nuevas amistades que disfrutaron junto a ella momentos especiales.

Los bendecimos por su servicio, cuidado y amor. Oramos a Dios para que sea manifestadas las promesas de Dios en sus vidas.

Su Famila, ¡gracias!

Categorías
huellero

Familia Galeano Baños y Familia Galeano Castro

Gracias Señor

Te agradezco, Señor, en este día, que me concedes mirarte a los ojos, y que miras los míos, para entender todos los regalos que me has prodigado en esta vida. Delante de tu solio pongo mi corazón, agradecido por mi vista, por mi oído, por mis manos, por mis pies. He conocido todos los parajes imaginables de tu obra, y siempre me asombra la infinita variedad de formas maravillosas que no se repiten. He saboreado un sinnúmero de manjares que me han alimentado y sostenido para mis proyectos; ya pequeños, ya enormes; en los que he conocido el éxito, el fracaso, el cansancio, la alegría, los amigos, los contrarios, la abundancia, la escasez, el dolor y los alivios. He cantado canciones con mis compañeros, y en soledad he escuchado el agua del manantial que susurra entre las rocas. He podido disfrutar el rostro de mis familiares, las emociones de los seres cercanos y las de los seres desconocidos. He sabido el valor de abrazar a mi madre, a mi padre, así como al vecino desvalido. Unas veces he estado tendido en enfermedad sobre un lecho, otras veces le he dado bebida al postrado en cama. Aprendí a compartir el techo, y a descansar el solitario. Leí todos los libros que pude, escuché a los pájaros despertarme en las mañanas, sentí frío, sentí calor, y sigo sintiendo las infinitas maneras en que manifiestas tu amor por mí; el mismo amor que derramas para todos los seres. Me di cuenta que me albergas en un mundo lleno de maravillas, porque en cada ser existente vives Tu, y cada ser es un milagro de tu misma manifestación. Sin Ti, la vida carece de sentido, pero contigo, la vida es absoluto amor. Te agradezco, Señor, mi existencia, mi vida, mi ser, y mi consciencia. Me adentro en tu corazón, para que nunca me dejes salir de él.

MENCIÓN HONORÍFICA – AGRADECIMIENTO ESPECIAL

Los familiares de Hilda Rebeca Galeano Baños, expresamos un muy sentido agradecimiento por todas las atenciones y cuidados que le dispusieron en vida, durante toda su estancia en la FUNDACIÓN LA MANUELITA. Todos los años que permaneció en la Fundación fueron un enorme alivio para Hilda Rebeca. Y todas las acciones incansables y continuas que mantuvieron con ella, convirtieron una vida de sufrimiento en un hogar de amor, de salud, de tranquilidad, de apoyo, de alegría inconmensurable. Ninguno de estos logros hubiera sido posible con los solos recursos dentro del seno de la familia. Y no habrá manera de compensar todo lo recibido por Hilda Rebeca. La Fundación está llena de gente invaluable tanto en lo físico, como en lo espiritual.

Mención especialísima a la señora BELÉN UCRÓS DE UCRÓS, por tan maravillosa obra, por tan enorme gestión, por dar tantos beneficios a tantas personas. También sus hermanas, MARÍA TERESA UCRÓS DE TOVAR, LULÚ UCRÓS DE UCRÓS, y MAGDALENA UCRÓS DE MARIÑO. Extendida a todos sus colaboradores. Hilda Rebeca había quedado desamparada; pero en LA MANUELITA no solamente encontró un hogar digno, amable, acogedor, saludable; sino que también se encontró con una familia mucho más grande, compañías fraternales, cariño, comprensión, paciencia, apoyo, soporte, esperanza, y vida de calidad. La voluntad de la señora BELÉN habrá de ser compensada por siempre.

Todos los colaboradores de la FUNDACIÓN LA MANUELITA ponen su diario grano de arena para elevar una gran montaña de atención y amor, que sirven a tantos seres humanos que requieren de esas atenciones. Esos esfuerzos serán premiados al ciento desde el cielo, pues no hay otra manera para reconocerlos.

Nuestros votos por el bienestar de todos los internados en la FUNDACIÓN, y por todas las personas que trabajan por ellos allí. El Altísimo ya los tiene en su sello. Nos sentimos profundamente agradecidos con todos y cada uno de ellos. Dios los bendiga.

FAMILIA GALEANO BAÑOS y FAMILIA GALEANO CASTRO

Categorías
huellero

Olga Bonell

Mientras tanto, en la oficina de Bogota……hasta pronto Olguita

Apreciada Olga:

Con mucho pesar recibimos la noticia de su renuncia al cargo que viene desempeñando desde hace 12 años en la Fundación. 

En la difícil tarea de contestar formalmente su carta, se me vienen a la memoria todos los gratos momentos que compartimos con usted desde la oficina de la Cra 15 con 76 hasta la que ocupamos hoy. Son muchos años de innumerables llamadas telefónicas, de juntas organizadas y de actas impresas, de acudientes, benefactores, empleados, directivas y voluntarios atendidos, de solicitudes de ingreso tramitadas, de bases de datos registradas, de incontables certificaciones de todo orden realizadas, de donaciones recibidas y recogidas, de bonos entregados, de misas preparadas, de miles de correos electrónicos recibidos y otros tantos contestados, y así muchas otras actividades que hicieron que hoy la Manuelita sea una mejor institución. 

Hoy en nombre de la Fundación, de sus abuelitos, de sus empleados y directivas, queremos darle las GRACIAS con mayúscula. Gracias por todo su compromiso, su voluntad de servir, su cálida sonrisa y su paciencia. Como dice uno de nuestros programas que estamos promocionando, usted verdaderamente “dejó una huella” imborrable en La Manuelita. Muchas gracias. 

Olguita, la vamos a extrañar. No podemos ser egoístas, entendemos las razones que la llevaron a tomar esta decisión, y debemos dejarla ir, pero no olvide que ésta es su casa. Le deseamos muchos éxitos en esta nueva etapa de su vida laboral. ¡Estamos seguros de que seguiremos contando con usted siempre!

Con sentimientos de gratitud y aprecio,

CECILIA MARIÑO UCRÓS

Área administrativa

Fundación La Manuelita

Palabras de Elisa Estevez, 

Despues de prestarle tus servicio durante doce años a esta intitucion, 

la Fundacion La Manuelita, te retiras con la cabeza y el corazon muy en alto porque sabes que has como buena las labores, que te encomendaron y seguramente otras de tu propia cosecha.

Nos hubiera gustado compartir mas tiempo contigo y gozar de tu amable compañía.

Se que eres un ser humano amable, cariñoso y que. Con una sonrisa en tus labios atendias a todo aquel que llegaba a la oficina de la Manuelitaen busca de una ifnromacion o entregar una solicitud o por cualquier otro motivo, y que salia contento de recibir ese trato que le dabas y que estoy segura salia de tu buena alma buena.

Hoy nos vemos reunidos para despedirte y yo, en nombre de las Directivas, de las damas voluntarias, de la Administradora, de los empleados y de los residentes; quiero agardecerte< que Papá Lindo te bendiga y te proteja.  

Categorías
huellero

María Teresa Liévano Ucrós

Hablar en público no es de mis fortalezas, pero tal vez hablar de María Teresa y lo que significó para mi, haga que sea un ejercicio mucho mas fácil.

Me considero un hombre afortunado.  Tuve el doble de mamás de cualquier ser humano, la mía propia y la mamá de María Teresa quien me quiso como un hijo más.  Tuve el doble de hermanos, los propios, mis primos hermanos y los primos de mis primos que siempre me acogieron y quisieron como un más de su manada.

Pero de todo este grupo de gente fabulosa, estaba siempre María Teresa como un referente de hermana mayor, de guía, de norte de mi vida.  Siempre presente en todos los momentos.  Siempre ayudándome a tomar la mejor decisión.

Compartimos en la vida todo: los afectos, los paseos, los amigos, el amor por las cosas simples, por los escenarios de teatro, el cine del sábado, los almuerzos de domingo, siempre tratando de unir y atender a la familia.

Ella adoró a sus amigas de siempre, a las niñas del Sagrado Corazón, a sus amigas de Emaús, a sus primitas, y a sus sobrinos. Imposible ocultar su afecto por Maruja Vega, quien le sirvió de la manera más amorosa y desinteresada por tantos años.

Pero ella también tenía su familia distinta, la conformada por mi familia política y mis perros, y todos saben que el amor por Pascual la superaba. 

Grande María Teresa. Una mujer que nunca habló mal de nadie, una mujer que a todos acogía bajo su ala, que siempre dio alegría y transmitió entusiasmo.  Nunca le oí decir que algo le diera pereza y agradecía cada minuto de su vida como un premio que no podía dejar de recibir.  Era una dadora, nunca pensaba en recibir nada a cambio.

Sin lugar a equivocarme puedo decir que hoy si bien María Teresa no está en su cuerpo físico si está en cada uno de los corazones de todos nosotros.

Y para mi en lo personal, fue mi luz, mi guía, mi amiga incondicional, mi cómplice y tal vez la persona que más admiraba como soy yo, que no soy más que un ser humano lleno de defectos, pero que ella en su bondad los veía como las cualidades más maravillosas que cualquier persona pudiera tener. Así de bondadosa era.

No se si lo que siento es orfandad, viudez o cómo debo llamar este vacío que deja en mi vida, pero lo que si puedo garantizarles es que fui premiado con la presencia de esta mujer que llenó con su amor y alegría todos los vacíos de mi corazón. Descansa en paz María Teresa del alma, mi prima, mi amiga, mi todo.

Categorías
huellero

Alejandro Ucrós Cuéllar

“La grandeza no se enseña ni se adquiere: es la expresión del espíritu de
un hombre hecho por Dios.”
JOHN RUSKIN

Papacito querido: 

Hace 15 años nos dejaste… parece que fue ayer, por lo vivo que te tengo en mi memoria. Que falta la que me haces! Tengo sentimientos encontrados… por un lado el dolor de tu ausencia pero por otro la alegría de tener tu recuerdo tan presente. 

Dejaste una familia fuerte y sólida que se ha encargado de que tu recuerdo permanezca vivo, actual. Cada alegría que tenemos, cada momento que nos da felicidad, cada dificultad, cada necesidad de un consejo, siempre tenemos un pensamiento para ti: “Como habría gozado Papá con esto…”, “Esto le encantaría a Papá…”. Te tenemos presente en todo, en las cosas simples de la vida como disfrutar una buena cerveza fría o en las más difíciles donde nos preguntamos: “Que haría Papacito para resolver esto?”

El hermano, el papá, el abuelo, el abogado, el amigo… un hombre incondicional, siempre dispuesto a servir, con una palabra amable y conciliadora, con un consejo sabio y desinteresado, con una prudencia indiscutible, con una sensibilidad inigualable, con una sonrisa, una caricia o una mirada llena de amor, de compromiso, de fidelidad en sus principios. Siempre tuviste una manera especial de vivir en Dios, cerca de la comunión y de la confesión, cerca del necesitado. Siempre con una mano tendida, buscando la justicia y haciendo el bien. Tan cerca de tus hijos como de tus nietos y bisnietos… entre tantos hijos, nietos y bisnietos y con la diversidad de las grandes familias, tenías el don de hacer sentir a quien estaba a tu lado como “el preferido”.

La Manuelita no fue exenta de tu bondad, de tu disposición de servir. En toda tu vida la acompañaste en su crecimiento desde que pasó a ser Fundación hasta el tiempo actual, ayudando en todos los asuntos legales y laborales, siendo consejero de empleadas y voluntarias y, sobre todo, oyendo a los viejitos que con gran alegría esperaban tu visita semanal cuando acompañabas a tus hijas.

El mejor de los hombres, el mejor de los amigos, el mejor cómplice para disfrutar la vida con sensatez. Lector incansable, con quien se podía sostener charlas en diversos temas, que manejaba con humildad. Gozabas con todo: una ópera, un buen toreo, un paso doble, un libro, un whisky en las rocas, una cerveza fría en un día caluroso, una película que si resultaba buena decías: “está tremenda!”.  Leías tu periódico haciendo descansos de sueño, el noticiero, los zapatos Florsheim, tus recuerdos del viaje a Europa, tus épocas de empleado en Cuéllar Serrano Gómez, tu oficina de Bogotá (en el centro de la ciudad), tu querido Ilarco, los almuerzos mensuales de toda la tarde con tus hijos, tus vacas con nombres muy propios, el sombrero vueltiao y el perrero, tu bastón, el inglés de Isidro, tus nietos… pero sobre todo los bisnietos que siempre estaban “célebres”, tus tertulias con Antonio, tus ahijados, las visitas a Teté y, cuando ya no querías más visitas, tu casa, tu cama, tus pantuflas. 

Una vez me escribiste una dedicatoria en un libro: “Este bello librito queda en tus manos para que siempre te acompañe. Te ruego un cariñoso recuerdo para tu leal amigo, Alejandro”. Hoy te digo que el mejor libro que me dejaste es tu vida, una vida que es el manual para acercarnos a Nuestro Señor, fiel testigo de tu entrega. Tenemos el deber de seguir pasando tu legado a los que te sucedemos en el tiempo.

Gracias Señor por haberme permitido vivir muy cerca de Papacito, por regalarme el tiempo para aprender de él, por quererlo como lo quiero, por compartir día a día su último año de vida. 

¡Papá querido, que falta nos haces! Te llevo en mi mente y en mi corazón por siempre.

Tu ahijada, Cecil.

Cita; 

Papá, mi Mamá y nosotros los 9 hermanos Ucros Cuellar, vivíamos en la casa de la Hacienda “El Vergel”; lo que hoy es el barrio de la Castellana, Mi Papá Abogado de profesión y campesino y ganadero de Corazón; 

Fue una persona muy trabajadora; se levantaba a las 4 am todos los días, para llevar la leche de sus vacas al sitio donde se la compraban;  Muchas veces los acompañábamos (en pijama y un gorrito de lana) volvíamos y nos acostábamos de nuevo para luego ir al colegio; Nos inculcaron que como hermanos siempre estuviéramos unidos, porque lo más importante que unos tenia eran sus hermanos. Papá era muy conciliador siempre amable y muy acogedor con todos los nietos, hijos yernos, y nueras.

Para la Manuelita fue una ayuda maravillosa; prácticamente hizo los Estatutos y todo lo relacionado con la Fundación como tal. Siempre pendiente de cómo íbamos fue un voluntario incondicional. Tanto él cómo mi Mamá nos dieron el ejemplo de ser muy amables y preocupados por las personas más necesitadas; a los que ayudábamos con lo que podíamos. El cariño, interés y compromiso con la Manuelita fue totalmente heredado. 

Lulú; 

Desde muy chiquitos mi papá nos inculcó el ayudar y querer a las personas menos favorecidas; hay estaban las viejitas de la Manuelita (cariñosamente hablando) a las que nos enseñó a querer. Cuando se vendió la Manuelita de río negro él nos ayudó muchísimo en toda la negociación  y también en la compra de lo que es hoy la Manuelita de Cajicá,  que hasta guarapo le tocó tomar donde fueron a formalizar el negocio con mi
hermana Cita. 

Cuando íbamos a la Manuelita ya mucho después lo primero que hacía era mandar comprar 2 cervezas una para él y la otra para Teo que era un viejito queridísimo de la Manuelita. Mi Papá era una gran persona amoroso,  cariñoso y adorado por todos.

Magdalena;


Mi papa, aunque no fue el fundador pero como lo hubiera sido, él siempre estuvo pendiente de La Manuelita y ayudándonos a nosotras a salir adelante. Inculcándonos el amor por las viejitas y estar pendiente de ellas. Como abogado nos ayudó en la parte jurídica haciendo los estatutos y haciendo diligencias aburridas, de toda clase. Siempre dijo que había que enseñarle a los nietos y bisnietos y siguientes, el amor por La Manuelita

Maria Teresa;

Desde chiquitas nos inculco el amor por los ancianos pues las instalaciones de la Manuelita quedaban muy cerca del Vergel donde vivimos hasta el año 1964 más o menos, siempre nos apoyó para que visitáramos a las viejitas en Rionegro que era donde vivían en ese entonces. Fue una persona muy especial al inculcarnos el amor y el servicio a los demás especialmente a los más necesitados los ancianos. Fue nuestro apoyo cuando se creó legalmente la fundación La Manuelita. Ya de edad nos acompañó a Cajicá y se estaba todo el día sin protestar porque nos demorábamos todo el día;  Fue un hombre Especial e inigualable y muy amoroso.

Alejandro; 

Papa fue quien jurídicamente determino todos los lineamientos de la Manuelita y en cualquier tema jurídico ayudo a defender siempre los intereses de la Manuelita – además le encantaban los viejitos,  hablar de La Manuelita con mis hermanas era su tema favorito y precisamente por eso creo que su legado de dar a los demás ha sido exitoso y ha marcado a cada uno de los integrantes de la familia.

Fernando;

Primero detrás de un gran hombre hay una gran mujer … mi Mamá Papá fue el artífice  de crear y hacer los estatutos de la Fundación La Manuelita  tengo el recuerdo que los hizo durante mucho tiempo en su oficina
de la carrera 8 cuando los hermanos de Mamá heredaron la institución. Él con mucho cariño hizo los estatutos y llevo a feliz término la creación de la fundación. Papá le tenía mucho cariño a La Manuelita y así  con su ejemplo nos lo transmito a sus hijos  yernos nueras nietos y bisnietos. El compromiso que el tuvo con La Manuelita fue todo y así  está demostrado con lo que se ha logrado hasta ahora en beneficio de los anciano.

Francisco;

Tengo un recuerdo muy lindo de Papá, como una compañía incondicional de Mamá, estuvo pendiente de todas las funciones de La Manuelita. Desde muy pequeño recuerdo que me llevaban a La Manuelita de Rionegro; Tengo un recuerdo de Papá acompañando el día entero a mis hermanas a La
Manuelita y como siempre ayudando en los temas Legales de la Fundación. 

Alfonso;

Mi papa fue el artífice de formalizar en una fundación creando los estatutos, no me acuerdo la fecha exacta, también hizo que La Manuelita fuera mixta, que hasta ese momento era solo para mujeres. Así mismo fue nuestro orientador desde el punto de vista legal y ético. Acompaño durante muchos años a mis hermanas en las decisiones de La Manuelita; Y las acompaño muchas veces como voluntario en Cajicá.

Eugenio;

El recuerdo que tengo de Papá en la Manuelita; recogíamos a Inés Ucros de Vásquez en Entrerios para ir a Cajicá; se compraba un par de Bavarias para el almuerzo una para El y la otra para un abuelo que se llamaba Teo. Saludaba a todos con gran cariño. Se sentaba en el escritorio en la oficina a leer el periódico y claro se quedaba dormido a los 5 minutos

Categorías
huellero

Manuel Antonio Cuéllar Calderón

“Un nombre se impregna de la persona que lo lleva”.
ANÓNIMO

Siendo el menor de los doce hijos de Papá Lulú (Papá Totono) y Mamá Lulú, y con una diferencia de edad de veinte años con Zoilo, su hermano mayor, mi Papá, Manuel Antonio, ha vivido la trayectoria de la Fundación de primera mano. Tiene claro el apoyo fundamental que le dio Papá Lulú a “La Manuelita”, buscando continuar la obra de su padre Zoilo, sin el cual quizás la Fundación hoy no existiría.  Mi Papá se ha encargado con el paso de los años de transmitir a sus hijos, no solo con palabras sino con hechos, la importancia de la caridad cristiana en todo el sentido de la palabra: aquella caridad, que antes de nacer ya vivía en él y que es sin duda, la misma que genera la fuerza de las nuevas generaciones para continuar queriendo y luchando por “La Manuelita” y que nos sirve de ejemplo para que nosotros, que crecimos de la mano de la Fundación, nos encarguemos a la vez, de transmitirla a nuestros descendientes.

La función secundaria de “La Manuelita”, aquella de ser el vínculo vivo de unión entre la familia, no es otra cosa que la manifestación palpable de la unión familiar inculcada desde Zoilo Cuéllar para abajo y en nuestro caso en particular, por mi Papá a sus hijos.  

Mis mejores recuerdos de infancia se transportan a la vida en “El Juncal”, donde como pajaritos libres nos criamos los Cuéllar Wills, en especial Alfredo, Alejandro y 

yo. Tengo absolutamente vivos muchísimos momentos y recuerdos, y en la gran mayoría de ellos, aparece el vínculo familiar aquel al que hacía referencia mas atrás: “Ilarco” con los Ucrós Cuéllar, “Santacruz” con las De la Torre Cuéllar, “Galicia” con los Cuéllar Cuéllar y los 250 perros, “La Cofradía” con los Cuéllar Gómez, la finca de mi tío Bernardo, que lindaba con “El Juncal” y con “Ilarco” y, un poquito mas lejos, “Veraguas” de las Cuéllar De Brigard… todos juntos, como si fuera lo más normal, como si por derecho propio tuviésemos merecimiento de tanta unión y tanta felicidad. Pero si puede ser éste el medio para agradecerle a la vida las guías maravillosas que la familia “Cuéllar y Cía” ha sabido transmitir con conciencia y generosidad de una generación a otra; dar las gracias por pertenecer a ella y pedir por tener la claridad y certeza necesarias para continuar con esa “cadena de grandeza” de la cual todos y cada uno de los miembros de la familia hacemos parte.

Es esta formación de familia, este entendimiento claro de lo que significa la unión entre los hermanos, esa sapiencia para manejar las situaciones difíciles que la vida nos presenta, esa practicidad para vivir el día a día y el buen ejemplo moral y práctico son la conciencia de que existe gente muy necesitada y que espera nuestra ayuda, es esa bondad en todo el sentido de la palabra, lo que mi Papá se ha encargado de transmitir a sus hijos porque eso, precisamente, es él.  

No podría dejar de hacer un merecido homenaje a todos, esposos y esposas de los miembros de la familia, y reconocer que sin ellos y ellas, simplemente… no habría familia. En especial y aprovechando el espacio en el que hoy escribo estas letras, a mi Mamá, María Cristina Wills de Cuéllar.

Categorías
huellero

Álvaro Ucrós Umaña (El Socio)

“Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo camino, camino sobre la mar”

Antonio Machado

He querido utilizar este espacio para escribir acerca de una de las piedras angulares que han forjado y mantenido tan hermosa institución y quien como muchos otros dedicó muy generosamente su tiempo a La Manuelita.

El Socio, como familiarmente lo conocíamos, fue una persona invaluable para la Manuelita y para mí.  Como muchos sabrán, el Socio, con su gran generosidad y esfuerzo, fue quien dirigió la obra de Cajicá en donde actualmente se encuentra la Fundación. Con mucho entusiasmo y dedicación inició la construcción (con planos de Jaime De La Torre) para que, en menos de un año, se inaugurara la nueva sede (agosto 26 de 1981, día del cumpleaños del doctor  Manuel Antonio Cuéllar Durán -Papa Totono, hijo del Fundador, Zoilo Cuéllar Sierra. La nueva Sede ofrece unas instalaciones que un hotel de cinco estrellas envidiaría, con capacidad inicial para albergar a 30 personas.  Posteriormente, el Socio también dirigió una ampliación para ofrecer 22 cupos más y un patio con marquesina que da mucha alegría y bienestar a los residentes.

Después de todos estos esfuerzos, tengo el grato recuerdo de ver a el Socio en los cuartos de los viejitos colgándoles sus cuadros, arreglándoles la  antena de la televisión y haciendo toda clase de reparaciones en las diferentes áreas de La Manuelita.  Fue plomero, electricista, carpintero, en realidad lo que llamamos un todero, siendo el  Voluntario de los jueves.

En lo personal, El Socio fue una persona muy importante durante el transcurso de mi vida y me dejó gratos e innumerables recuerdos de alegría y generosidad durante mi niñez y juventud. Ahora, a pesar de su ausencia física, siento su presencia y estoy segura de que Nuestro Señor tiene una sonrisa al tener a su lado a uno de sus discípulos queridos que ya cumplió con el mandato de amor y entrega a los necesitados.

El Socio fue mi padrino de bautismo y matrimonio, un compañero de viaje magnifico. Era mi tío querido que sabia como sacar los ojos y jalar cachetes.  Me es muy difícil expresar la maravillosa persona que fue para mí, lo mucho que lo quiero y que lo extraño, con todas sus cualidades.  En resumen, fue una persona invaluable para La Manuelita y para todos los que tuvimos la gracia de conocerlo y de aprender de él su actitud de servicio y de amor por los demás.

Categorías
huellero

Manuelita Guzmán de Arbouin

“Todo esto sucedió para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: Dios con nosotros.” 

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 1 – 22 y 23

Una de mis aficiones inútiles es la etimología. No se porqué razón desde niño me ha fascinado descubrir el origen de las palabras, y en especial el de los nombres. En Occidente solemos olvidar que la palabra aguda, grave o esdrújula que usamos para identificarnos quiere decir algo, y solemos burlarnos de “Toro sentado” o de “Bello naranjo en flor” nombres apache y chino respectivamente. El caso es que San Mateo, nos da la etimología del nombre hebreo Emmanuel, del que derivan el nombre Manuel y Manuela, y sobra decir, Manuelita. Y sin que podamos saber si el nombre define a la persona o la persona al nombre, no creo que quepan dudas de que Manuelita Guzmán ha sido, es y será: “Dios con nosotros” como dice el primer evangelio. Y si sigo con las etimologías los griegos para decir la misma frase utilizaron la palabra “Entusiasmo”. ¿No es el entusiasmo otra enorme virtud de Tía Manuelita? ¿No hemos sentido alguna vez a Dios entre sus ojos y su sonrisa?

Pues bueno. Aunque nadie mejor que ella puede contarnos su vida, (y por favor, que alguien le pregunte y tome nota, porque será un tesoro para todos), voy a intentar contar, brevemente, mi versión de su historia.

La primera vez que vi a Tía Manuelita con conciencia de hacerlo fue en una fotografía en blanco y negro que María Carolina Ospina de Piñeros tenía en su habitación sobre una mesita. En esa fotografía, una mujer dulce y cariñosa sostenía un bebé que claramente parecía su hijo. Como era niño, curioso y amigo de su hijo, no tuve ningún reparo en preguntar por la fotografía pensando que era su mamá, es decir, la abuela de Alejandro mi amigo. Su respuesta sembró toda la inquietud del mundo. Ese día supe que Cecilia Cuéllar Gómez había muerto dejando a sus hijas muy niñas, en especial Cecilia, la bebé de la fotografía, y que esa mujer era Tía Manuelita, quien aprovechó el reciente nacimiento de uno de los Arbouin para ayudar en la lactancia y darle todo el amor del que su alma es capaz, no sólo a ella, sino a Gloria y a María Carolina.

Como se imaginarán, ese gesto de generosidad infinita marcó mi espíritu de niño. Tuve además otra ventaja, y es que uno de mis mejores amigos era nieto suyo. En el colegio tuve la fortuna de estudiar con Leslie Arbouin Vargas, y entonces pude conocer en persona a Tía Manuelita. Y lo hice en el mejor escenario posible: El Sisga, su finca de toda la vida. Todavía me acuerdo de su presencia en todas partes, de la distribución de cada zona de la casa, de las camas del segundo piso y la inolvidable vista de la laguna y de la chimenea en simultánea. Recuerdo con dolor la noticia del incendio que destruyó la casa años mas tarde. Pienso también en las fotografías de Harry Arbouin, su esposo, y toda su magia de inmigrante inglés. ¡Cómo me habría gustado conocerlo! Pienso en la habilidad de Manuelita para curar las heridas de un día de cacería de cangrejos de río, o de mis siempre fallidos intentos de esquiar en la laguna, o de esa soledad de niño invitado a dormir en casa ajena. Recuerdo las cobijas de lana, las ruanas y su alegría. Una aguadepanela con queso mirando las estrellas. Y siempre Tía Manuelita, su prudencia, su inteligencia y su sencillez. Su generosidad en los hogares campesinos de la zona y las misas a la que la acompañábamos, donde Leslie y yo, de monaguillos, derrochábamos todas las artes de niño bueno (con ataque de risa compulsivo e incontrolable, por supuesto).

Con la adolescencia y el final del colegio terminaron esas experiencias y siguieron los encuentros con Tía Manuelita en los eventos y almuerzos de familia, en las visitas y en los costureros del ancianato. Siempre he sentido la necesidad de buscarla, saludarla y recibir un poco de su serenidad, su forma de ver la vida y su fe, esa inquebrantable fe capaz de doblegar cualquier dolor del cuerpo y del alma, tanto propio como ajeno. La veo con su cabeza blanca y sus manos aferrándose a las mías en cada encuentro. Lloré de emoción, como creo que casi todos los presentes, con su actuación en esa Navidad de la Manuelita, entre pastores, ovejas y reyes, de todas las edades y de todas las familias.

Esa es mi Manuelita Guzmán. Ojala todos pudiéramos describirla, para formar un retrato hecho de todas las miradas, como en una composición puntillista.

Manuelita: Dios con nosotros. ¿Cabe alguna duda? 

Categorías
huellero

Lulú Cuéllar de Holguín


“Siempre queda un poco de perfume en las manos que ofrecen rosas”

Casada con Julio Holguín, Lulú, como cariñosamente le decimos, es la menor de las hijas mujeres de Manuel Antonio Cuéllar Durán (Papá Totono) y Lucilita Calderón de Cuéllar (Mamá Lulú). Heredó de sus padres el amor por los demás y la necesidad de darse con gran generosidad en tiempo y alma a La Manuelita.

Desde los tiempos de Rionegro, cuando se conformó el voluntariado, Lulú ha estado encargada de todo lo que tiene que ver con la alimentación, llámese: menús, mercados, recogida de donaciones en especie. Vende periódico que le regalan a la Fundación y con ese dinero siempre ha cuadrado la compra de la carne y el pescado. Ha sido una artista en el manejo de los escasos recursos y se las ha ingeniado para hacerles almuerzos especiales y para encontrarle el descuento y la ñapa a cada alimento que se compra.  Irma Pinilla es su fiel acompañante desde hace algunos años, y en compañía de ella hace el recorrido semanal recogiendo las donaciones en especie como: brownies, postres, carne, yogures, papa, jabones, pastas, entre otras, y los lleva a La Manuelita.  Dedica horas enteras a otras actividades como peluquear a algunos de nuestros queridos viejitos, dirigir la hechura de manteles, sábanas, cortinas, cubre lechos, baberos con retazos y donaciones de hoteles. También participa activamente como miembro del Comité Administrativo que se encarga no sólo de la administración de la sede de Cajicá sino además del ingreso de nuevos abuelitos.

Lulú es el perfecto ejemplo de lo que significa ser voluntaria de la Fundación La Manuelita: una persona comprometida, que no encuentra excusa para dejar de realizar sus actividades que ella misma se ha propuesto en pro de la Fundación, una persona incondicional no solo con los viejitos sino con las empleadas, excelente consejera, gran oidora y conciliadora, que lleva a Jesús en su vivir y lo pone por encima de todo. 

Es la tía preferida para muchos. No solo para los que realmente son sus sobrinos sino para quienes como yo, afortunadamente la palabra tía la tiene nuestro parentesco: tía abuela. Es el recuerdo más cercano que tengo de mi abuela María Teresa, de quien habla con especial afecto y admiración, y a quien llamaba Tete, pues Lulú por lo menos 20 años menor que su propia hermana, la consideró desde siempre no solo su hermana y amiga sino como su propia mamá. Vivieron muchos años estas dos familias juntas: los Ucrós Cuéllar y los Holguín Cuéllar, y nunca se me olvidarán los viernes después del colegio cuando íbamos a visitar a Mamacita, como cariñosamente le decíamos a mi abuelita, y nos encontrábamos con las Holguín en la ochenta. Casas de esas que ya no hay: llena de escondites para jugar, de un jardín gigante, y de cuartos enormes que estimulaban nuestra imaginación de niños y que hacían que esos días fueran inolvidables. Y las Holguín siempre tuvieron un espacio en esas tardes. ¡Por supuesto Lulú, siempre estaba!

Lulú es, ante todo, una persona optimista y creyente, que como ella misma lo dice “la mano de Dios nunca ha desamparado a La Manuelita”, con lo que nos invita a perseverar en esa linda causa a pesar de las dificultades, unas más complejas que otras, que se nos presentan en este diario caminar. Gracias Lulú por estar ahí, siempre dispuesta, siempre lista pa’las que sea por La Manuelita y por tu familia.

Querida Lulu;

En nombre de la comunidad de la Fundación La Manuelita, queríamos hacerte un homenaje y Agradecerte por todos estos años de Amor y dedicación; sabemos que estás ahora en la compañía de Dios.