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Claudia María Cardona Londoño

Soy docente Universitaria y esposa de Luis Ucrós Ucrós. Junto con él y mis hijas Andrea e Isabel, formamos parte de la gran familia de la Fundación a Manuelita. Soy docente e investigadora de la universidad distrital Francisco José de Caldas. Ingeniera agrícola especialista en docencia Universitaria, Magíster en aprovechamiento y manejo de recursos hidráulicos y candidata a Doctora en educación. En la Fundación La Manuelita, soy la encargada de todo el sistema de seguridad e higiene en el trabajo, y colaboró en la formación permanente de los empleados contratados como talento humano, para prestar sus servicios en el acompañamiento a los adultos mayores de la Fundación.

Dentro de mi ejercicio profesional he trabajado como ingeniera de campo y actualmente soy docente investigadora conferencista a nivel nacional e internacional, en temas de ingeniería y del buen vivir como una forma de sustentar la vida en el planeta tierra.

La Fundación la Manuelita, es una Fundación que para mi crecimiento profesional y mi experiencia de vida familiar, ha aportado mucho. Creo que una forma de habitar el planeta, es muestro compromiso social y esa responsabilidad de transformar y permear las formas de ese habitar el planeta, de tal manera que con el cuidado y el amor por el otro, estamos mostrando que el transitar por el mundo, se hace con un sentido que le da significación a la vida misma.

El eslogan de “llevamos más de 100 años trabajando para hacer mas digna y feliz la vejez de nuestros adultos mayores”, hace que la Fundación La Manuelita, sea un hito para esta generación y las generaciones futuras. Yo me siento muy orgullosa de hacer parte de la familia de la Fundación La Manuelita.

La Fundación La Manuelita es un ejemplo de constancia, trabajo en equipo y amor por el prójimo, un lugar que evidencia duras realidades de las que nadie esta exento, ni mucho menos preparado, un espacio que constantemente necesita apoyo y que nos recuerda que algún días todos seremos personas de la tercera edad. únete a nosotros.

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La Manuelita, una oportunidad concreta para cambiar el país!

Por: Helena Hernandez

Conocí la Fundacion La Manuelita hace muchos años, por invitación de una amiga que me llevó con mi familia a compartir un día campestre, para nosotros fue un día especial en torno a realizar actividades en pro de contribuir a la calidad de vida de un grupo de adultos mayores.

Creo que puedo resaltar dos asuntos de esa pequeña experiencia, primero: el compartir. Este hábito que cada vez se cultiva menos en nuestra sociedad y que marca toda la diferencia en los rumbos de la sostenibilidad de nuestra propia vida…y segundo, la reflexión sobre cómo prepararnos para ese momento de la vida y para acompañar a nuestros seres queridos que se encuentran en la ancianidad.

La vida es una continuidad de cambios que va de nacer a morir, y cada cual, pensemos en esto o no, estamos en esa trayectoria, lo que llena esa trayectoria es lo que hacemos con el tiempo y los dones que tenemos, las elecciones que hacemos y como las implementamos en nuestro comportamiento; nos comportamos con las demás personas y también con nosotros mismos, de acuerdo con las imágenes y las creencias que de las demás personas y de nosotros tenemos.

Pensar en el gran aporte que hace la existencia de una fundación como la manuelita, implica a su vez, reconocer las problemáticas que se presentan como el maltrato y el abandono. Quizá la forma más insidiosa del maltrato a las personas ancianas radique en las actitudes negativas hacia las mismas, en los estereotipos que se tienen acerca de ellas; y, por supuesto, en actitudes, prejuicios y estereotipos acerca del propio proceso de envejecimiento. Actitudes que se reflejan en la exaltación frecuente de la juventud, al tiempo que en el rechazo al proceso de envejecimiento y a la tercera edad, ya sea que se encuentren en senectud, vejez o sean grandes ancianos.

Estereotipos, actitudes negativas y prejuicios, son la base de ese maltrato y también de muchas otras situaciones que afectan la vida de las personas; esta reflexión es tal vez el regalo más maravilloso que ha hecho en mi vida el participar de actividades asociadas a La Manuelita, las cuales son diversas, sean de beneficencia o voluntariado, o incluso desde la junta directiva; este aporte tiene que ver con cuestionarme sobre ¿cómo vivo mi vida?, ¿qué considero relevante?, ¿cuáles valores cultivo? y ¿cómo los comparto con otros?, ¿cómo trato a mi familia?, ¿cómo cultivo en mi un ser espontaneo que comparte desde el corazón y no desde el ego?.

Tanto ayudar como herir son comportamientos motivados por las percepciones e interpretaciones de las personas.

 Tanto ayudar como herir ofrecen recompensas concretas.

 Tanto para ayudar como para herir se siguen ejemplos de otras personas.

 Tanto la ayuda como la agresión están reguladas por ‘normas sociales’. Eliot R. Smith y Diane M. Mackie

Vivimos en un país en el que existen muchas violencias, que reclama nuestro compromiso por cambiarlo y es quizá la violencia estructural la que más afecta a las personas de la tercera edad dado que es invisible, habitual y, en apariencia, carece de la intención de hacer daño, aunque es la más destructiva. Esta violencia es ejercida por estructuras sociopolíticas y económicas que reprimen, marginan y generan condiciones de vida infrahumanas, inseguridad laboral y social; malnutrición, inequidad social y económica. Tal vez, dejando de lado algunos asuntos de salud propios de la edad, los dramas de las personas en esta etapa de la vida, son un retrato de los dramas de nuestra sociedad.

Por eso vale la pena aportar desde donde se pueda a este cambio, por eso tiene sentido vincularse a La Manuelita y a tantas otras iniciativas, porque le estamos dando forma a los nuevos proyectos de vida y estamos aprendiendo y mejorando la versión que somos de nosotros mismos para desde ahí, ser mejores ejemplos para las generaciones venideras.